Existe base bíblica para la interpretación de las  2.300 “tardes y mañanas”

(Daniel 8:14) como 2.300 años?

       Muchos comentaristas sugieren que el periodo profético de las 2.300 “tardes y mañanas”, en Daniel 8:14, debería ser interpretado como 1.150 días literales. Una versión en lenguaje moderna llegó a verter Daniel 8:14 con la expresión “1.150 días”. Pero esa interpretación tiene por base la conjetura de que la expresión “tardes y mañanas” se refiere a los sacrificios de la “mañana” y de la “tarde” del antiguo ceremonial hebreo (ver Éxo. 29:38-42); y que 2.300 “tardes y mañanas” serían la suma de 1.150 sacrificios de la “mañana”, con otros 1.150 sacrificios de la “tarde”, que entonces totalizarían “1.150 días” literales.

       Es cierto que en Daniel 8 encontramos referencias directas al ritual del santuario, en los versos 11-14; bien como alusiones indirectas a ese ritual, en la mención  a un “carnero” y un “macho cabrío” (versos 3-8, 20 e 21), animales que solo aparecían juntos, en aquel ritual, en la ocasión del Día de la Expiación (Lev. 16:5).

       Pero en el periodo de tiempo involucrado, la expresión usada no es “mañana y tarde “, como en las alusiones al sacrificio diario (Éxo. 29:39, Núm. 28:4), pero, “tarde y mañana “, como en el relato de los días de la Creación, donde cada “tarde y mañana” significa un día completo (ver Gén. 1:5, 8, 13, 19, 23 y 31).

       Así, la expresión idiomática “tardes y mañanas” (hebreo ‘ereb boqer) exige que el numeral 2.300 permanezca como tal, sin ser artificialmente fraccionado para 1.150.

       Estudios históricos bien fundamentados demuestran que, hasta mediados del siglo 19, la gran mayoría de los comentaristas bíblicos protestantes interpretaba las 2.300 “tardes y mañanas” como 2.300 años (ver los citados por LeRoy E. Froom, The Prophetic Faith of Our Fathers, pp. 204-268; Alberto R. Timm, O Santuário e as Três Mensagens Angélicas [Engenheiro Coelho, SP: Imprensa Universitária Adventista, 2000], pp. 21-25). Esa misma interpretación continuó siendo aceptada en los círculos protestantes por lo menos hasta el final del siglo 19.

       Existen varias razones que nos llevan a aplicar el principio “día-año” de interpretación profética a las 2.300 tardes y mañanas. Una de ellas es el relación entre las 2.300 tardes y mañanas y las 70 semanas de Daniel 9:24-27. La visión sobre las 70 semanas fue dada a Daniel como explicación adicional a la visión de las 2.300 tardes y mañanas (ver Dan. 8:14, 26 y 27; 9:20-27). En esa explicación, el único punto de partida mencionado, que debe ser común a ambos los períodos proféticos, es la expresión “desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén” (Dan. 9:25). Esta orden pasó a tener validad en 457 a.C. (ver Esd. 7:13). Y no hay como hacer con que las 70 semanas se extiendan “hasta el Mesías Príncipe” (Dan. 9:25), entre 27 y 34 d.C., sin que este período sea considerado como 70 semanas de años, o sea, 490 años. Ahora, si aplicamos el principio día-año a las 70 semanas, como hace gran parte de los comentaristas, también debemos aplicarlo a las 2.300 tardes y mañanas.

      Otra razón es el propio contexto histórico. La visión de las 2.300 tardes y mañanas fue dada “en el año tercero del reinado del rey Belsasar” (Daniel 8:1), rey de Babilonia. El cumplimiento debería ocurrir, según la propia visión, “para muchos días” (Daniel 8:26), extendiéndose “desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén” (Dan. 9:25), o sea, de 457 a.C., hasta el “tiempo del fin” y “al fin de la ira” (Dan. 8:17 y 19). Si interpretamos las 2.300 tardes y mañanas como 1.150 días literales (3 años y medio) o aún como 2.300 días literales (7 años), ese período no llegaría al final del dominio persa, y mucho menos al tiempo del fin.

      Una tercera razón es el principio de la “simbolización en miniatura”, así denominado en 1843 por George Bush, profesor de Hebreo y Literatura Oriental de la New York City University. De acuerdo con ese principio, siempre que la entidad involucrada en una profecía bíblica aparece simbólicamente miniaturizada, el tiempo profético involucrado fue igualmente miniaturizado, y debe ser interpretado con base en el principio día-año. Por ejemplo, en Números 14, así como los doce espías simbolizaban doce tribus, los 40 días representaban 40 años (verso 34). De igual manera, en Daniel 8, como el carnero y el macho cabrío simbolizan dos reinos (Medo-Persia y Grecia), las 2.300 tardes y mañanas representan 2.300 años.
      Por lo tanto, debemos interpretar las 2.300 tardes y mañanas como 2.300 años.

Fuente: Sinais dos Tempos, septiembre/octubre de 2000. p. 21

Perspectiva Histórica de Guillermo Miller—El otro lado de la moneda

       Sí, Miller cometió el error con su establecimiento de la fecha para el retorno de Cristo, es verdad. Pero recordemos que los apóstoles de Cristo también tuvieron expectativas falsas respecto a la naturaleza del Reino que Cristo prometió instalar. Véase Lucas 24:21 (“Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel”) y Hechos 1:6 y 7 (“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”).

       Por lo tanto, los fundadores humanos de la Iglesia Cristiana también “erraron”. Y que decir del grave error de Pedro, que hizo por merecer seria reprensión de Pablo, como se puede leer en Gálatas 2:11s?

       Muchos piensan que  Guillermo Miller es alguien de quien tenemos que nos avergonzar—pero están errados. Aquel ranchero sin instrucción teológica leyó las Escrituras correctamente y reconoció que ellas predecían el retorno pré-milenial de Cristo. Miller transcendió  la mayoría de los eruditos estudiosos de su tiempo. Todos los principales comentarios bíblicos usados en los hogares americanos por la mayor parte del siglo XIX enseñaban la venida pos-milenial de Cristo.

       Quien se entusiasmaría con un evento por lo menos mil años adelante? Adam Clarke, el Obispo Barnes, y antes de ellos Matthew Henry, cometieron el mismo error. Miller ayudó a causar un impacto en el mundo religioso respecto a esa cuestión vital que resuena por todo el Nuevo Testamento—el entusiasmo de la esperanza del breve retorno de nuestro Señor. Abrigar esa esperanza es apropiado, vivamos en la era apostólica o  ahora.

       Siguiéndose a las dos guerras mundiales, casi todo el mundo religioso ha seguido la dirección indicada por Miller. El hecho de que estaba equivocado en seguir la mayor parte de los protestantes de su tiempo en su empeño por fijar “fechas proféticas” no disminuye significativamente la su estatura.
       Cuan apropiado fue la ocasión para la esencia del mensaje ASD. Por ejemplo, Darwin escribió el su primer bosquejo del Origen de las Especies en 1844 y simultáneamente Dios revivió la verdad del sábado para desafiar todas las teorías ateístas relativas al origen de la vida.

       El espiritismo moderno también emergió en los años de la década iniciada en 1840 y fue contestado por el énfasis del adventismo en la inmortalidad condicional. También fue por esa ocasión que Marx y Engels escribieron el ‘Manifiesto Comunista’, afirmando que “ley, moralidad, y religión, son solamente prejuicios burgueses”. De ese modo, podemos afirmar que Dios levantó el movimiento adventista para Sus propósitos en los últimos días.

       Creemos que el movimiento adventista tuvo la intención divina de ser una continuación de la Reforma Protestante. En Su providencia, Dios dirigió la atención de los adventistas para el arca y el propiciatorio del lugar Santísimo--la ley y la gracia combinadas. No puede haber un evangelio fuerte sin una fuerte doctrina de la ley. Esto es lo que los adventistas tenían que ofrecer al mundo, con referencia particular al sábado, que está en el propio corazón de la ley que autentica el todo. Es por el hecho de la ley  y el evangelio ser originarios del Creador que tiene validad y significación.

       Y también es bueno recordar que mientras Miller predicaba el mensaje del fin próximo, los protestantes no solo esperaban el prometido milenio de paz y prosperidad, como los del sur se ocupaban en expandir sus plantaciones de algodón y TABACO, aumentando el número de esclavos a su servicio, y con eso arrecadaban fondos para financiar la guerra contra los que querían libertar los esclavos!
 


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